jueves, 28 de febrero de 2013

CUENTO DE PEDRO EL LLORÓN Pedro era labrador. Labrador de esos que miran al cielo sin cesar. Mirar al Cielo para pedir agua, para pedir sol, para suplicar bonanza o frio, para quejarse amargamente de lo que fuera. Daba igual: el caso era suplicar y quejarse, mirar a lo Alto y llorar. Y es que Pedro era de los labradores que lloran por la helada y por la ventisca, por la lluvia y por la escarcha; por la sequia y por la tormenta. Pedro lloraba siempre ya fuera la cosecha abundante o escasa, ya estuvieran sus olivos doblados de fruto o apenas tuvieran aceitunas en las ramas. Así que la Providencia se cansó del llanto y decidió cubrir su parcela del más delicado pañuelo que imaginarse pueda; lo que se llama por aquí algodoncillo del olivo. Y el hilar cubrió tallos y hojas e inflorescencias y el cuaje inicial y delicado de una cosecha de abril que pintaba hermosa. Y Pedro lloró lo que tenía que llorar hasta que la Providencia le dijo: Toma tu pañuelo, Pedro, y límpiate los mocos que eres un llorón. Cuando llegó el perito y trataron el algodoncillo y limpiaron el haza, nuestro hombre se dijo: - Se acabó el llanto, no quiero más pañuelos de la providencia. Mejor: a reír y a gozar que si no me plantan el pañuelo. Y Colorín colorado este cuento se ha acabado. Este cuento es tan corto que no tiene ni Caminante…; no llegó a tiempo de escucharlo.


CUENTO DE PEDRO
EL LLORÓN

Pedro era labrador. Labrador de esos que miran al cielo sin cesar. Mirar al Cielo para pedir agua, para pedir sol, para suplicar bonanza o frio, para quejarse amargamente de lo que fuera. Daba igual: el caso era suplicar y quejarse, mirar a lo Alto y llorar. Y es que Pedro era de los labradores  que lloran por la helada y por la ventisca, por la lluvia y por la escarcha; por la sequia y por la tormenta. Pedro lloraba siempre ya fuera la cosecha abundante o escasa, ya estuvieran sus olivos doblados de fruto o apenas tuvieran  aceitunas en las ramas.
Así que la Providencia se cansó del llanto y decidió cubrir su parcela del más delicado pañuelo que imaginarse pueda; lo que se llama por aquí algodoncillo del olivo. Y el hilar cubrió tallos y hojas e inflorescencias y el cuaje inicial y delicado de una cosecha de abril que pintaba hermosa. Y Pedro lloró lo que tenía que llorar hasta que la Providencia le dijo: Toma tu pañuelo, Pedro, y límpiate los mocos que eres un llorón. Cuando llegó el perito y trataron el algodoncillo y limpiaron el haza, nuestro hombre se dijo:
-          Se acabó el llanto, no quiero más pañuelos de la providencia.  Mejor: a reír y a gozar que si no me plantan el pañuelo.
Y Colorín colorado este cuento se ha acabado. Este cuento es tan corto que no tiene ni Caminante…; no llegó a tiempo de escucharlo. 

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