lunes, 4 de marzo de 2013

HISTORIA DE JUAN EL CAGUETILLA Primera parte


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Yo soy el Francisco, el mulero mayor,  y sigo contando la historia del aceite del Puente Viejo. No sigue la Rosa porque no estaba cuando pasó lo que cuento ahora, y esta historia alguien la tiene que terminar. La Rosa se enteró de los crímenes de la Cruz cuando al día siguiente  alinearon a los muertos enemigos de la revolución y del pueblo abatidos por el valiente ejercito miliciano en el patio del Cortijo;  y allí estaba muerto  el Cagueta, su suegro, y uno de los cañeteros que no quiso ir a Porcuna y en lugar de llegar a Cañete se fue a la eternidad.
En la Cruz, y con la pierna a rastras, los enterré como cristianos y lloré cuanto pude y cuanto me dejaron, pues el Andrés acudió a la Cruz a por la Rosa y… a por el aceite; Se quedó detrás de un ciprés donde no lo vieran y le dio a la Rosa el pésame con disimulo. Luego, no sé bien por qué, se marchó. Unos días más tarde, temiendo que el Andrés la buscase de nuevo, la Rosa cogió lo indispensable y se fue a Porcuna, a casa de su tía Ángela – hermana del Floro – que vive en aquel pueblo. En Porcuna vivió la Rosa hasta finales del 36 procurando pasar inadvertida. Y a Porcuna me llevaron a mí unos días más tarde con la pierna medio gangrenada y el alma muerta.  En Porcuna me cortaron la pierna y me salvaron la vida y al final acabé refugiado en la casa de la Ángela, la tía de la Rosa, Dios la bendiga; desde allí os cuento esta historia. Estaba y estoy solo; lisiado y solo. Tengo ya más muertos enterrados de los que quisiera, y solo falta enterrarme a mí mismo, aunque eso, a mi entender, será difícil.
Un día la Rosa se topó con uno de aquellos milicianos del Comité de Cañete que habían robado en la Cruz el aceite del Puente Viejo.
-          ¡Anda!, pero si es la Rosa, la hija del Floro el guarda del Puente. ¿Pero tú no estabas en Bujalance?
-          Estoy aquí si no te importa…, quítate de en medio que voy por pan.
-          Al Andrés le gustará saber que estás en Porcuna…; Además le ha echado la culpa del aceite al Floro. Dice que tu padre fue el ladrón y no nosotros los de Cañete, pues también. Habrase visto el cabrón…; con eso del Comité quiere mandar más que Cascajo. Se ha empeñado en buscarte y quedarse con el aceite. Dice que el aceite es suyo porque era del Puente y en el reparto se ha quedado con el olivar. Y que tú también eres suya porque te dejaste…tocar el culo.
-          Apártate cabrón o te mato; y a propósito: ¿Tu eres el Roque?, ¿el mancebo de la botica?
-          Pues sí, y qué
-          Que tú ibas con el Andrés el día del avión. Algo tendrás que decir de eso…
-          ¿Y qué?
-          Que huisteis como conejos y que no entiendo que tienes que ver con el aceite. El aceite se quedó en la Cruz.
-          Muy bien hermosa, muy bien; vete a la Cruz y lo buscas, como el Andrés te buscará a ti
Y el Roque se marchó por la cuesta arriba dejando a la Rosa en el mayor de los desconciertos. Ella y yo sabíamos que el aceite estaba en Porcuna, pero los de Cañete lo tenían escondido y el Andrés estaba a la luna de Valencia.


1.      De cómo el Caguetilla se hizo  requeté

Esto lo cuento yo, Antonio Pérez el Serrano, el arrendatario del Puente Viejo. Francisco, el mulero mayor,  no sabe estas andanzas, y por lo tanto no puede contarlas. Tampoco la Rosa, porque no estaba en el sitio ni sabe lo que se cuece en Córdoba. Bastante tienen la moza con estar tan buena como está. Si no fuera por el Caguetilla…, hablaríamos de otro modo, pero se ha enganchado con el curilla y…, mejor que me calle. Pero a lo que vamos: os voy a contar como estoy intentando buscar el aceite del Puente Viejo, y como hice que precisamente el Caguetilla se hiciera requeté. Si lo mataban, bien; ya hablaría yo con la Rosa. Si no lo mataban en el frente, pues eso, que estoy seguro que buscaría a la Rosa y al Floro y de paso encontraba el aceite; así que también, bien. Del Caguetilla se podría encargar el Algabeño… 
 A mediados de agosto de 1936 las cosas estaban como siguen: yo salvé la vida huyendo del Puente por los sotos del Guadajoz y conseguí entrar en Córdoba vivo. Las noticias seguían siendo confusas; de Almodovar llegaban noticias de la muerte de los Marqueses, y yo los representaba, al menos en el Puente. Con los marqueses muertos debía seguir como hasta ahora, que a rio revuelto ganancia de pescadores. El caso es que los frentes de la Guerra desde la toma de Baena estaban más o menos establecidos. Los  republicanos y los nacionalistas se prepararon para pasar el  invierno mientras se esperaba la inminente caída Madrid.  Pero Madrid no caía; Miaja organizó al ejército, llegaron las Brigadas Internacionales y los frentes se estabilizaron en la Ciudad Universitaria. Había pues que prepararse para 1937  y entre otras cosas era vital la intendencia. Uno de los productos básicos  para aguantar hasta la primavera era el aceite.  Ningún otro producto generó una campaña militar; El aceite movió en ese momento voluntades, esfuerzo bélico, importantes recursos humanos, miles de vidas y… según me ha contado el teniente coronel Redondo en el Círculo, una ofensiva del frente de Córdoba antes de diciembre, es decir en unas semanas. Una ofensiva trazada y planeada para recoger la cosecha que aún cuelga de los árboles y que empieza  a pintar de negro los árdales de las olivas. La aceituna viene temprana.
Según me dijeron, también en el Círculo, resulta que el problema de los azules, los de Franco o como quiera llamárseles, es que  en la zona Nacional apenas hay olivos. Los franquistas piensan que la  ofensiva de Badajoz aliviará la escasez de aceite; pero yo sé que no será  así: en Badajoz hay pocos árboles y poca aceituna y no se remedia la carestía con cuatro chaparros en la zona de Corcuera, u otros cuatro en Cáceres. Y es como yo lo digo porque el precio del aceite está por las nubes en Sevilla y en Córdoba. Jaén,  la Córdoba olivarera,  las Comarcas de Antequera y Ronda  y gran parte de la Provincia de Granada son Rojas y allí se concentra el ochenta por ciento del aceite Andaluz.
Estaba yo en el Círculo cuando, para remediar el asunto del precio del aceite, el uno de noviembre de 1936, el General Queipo de Llano promulgó el siguiente bando en la ciudad d de Sevilla. El citado bando lo colgaron, también, del tablón de anuncios de nuestro casino:
"Don Gonzalo Queipo de Llano, General Jefe del Ejército del Sur.
Hago saber: Que con idea de normalizar de una vez el mercado del aceite de oliva, aunando la debida remuneración al agricultor y comerciante, todo ello en bien de la economía y fuente de riqueza nacional, con el deseo de no perjudicar grandemente al pequeño consumidor, dispongo que desde esta fecha se fije la tasa de este artículo en la siguiente escala y forma: El aceite viejo, o sea el existente de cosechas pasabas, se tasa su precio de venta por el productor en pesetas 20 la arroba para los de tres grados de acidez y sobre vagón Sevilla. Los aceites de la próxima cosecha, en pesetas 25 céntimos menos, o sea a 19,75 la arroba para los tres grados de acidez. Los aceites de mayor o menor graduación de acidez tendrán una reversión en más o menos de 25 céntimos por grado y arroba. El precio de venta del mayorista será el de 21,25 pesetas la arroba, y el del detallista, el de 22,50, o sea l litro a 1,80 pesetas. Para los aceites finos y entrefinos se decreta la libertad de contratación. Los aceites refinados tendrán una tasa de venta por  mayorista de 23,50 pesetas, y por el detallista, de 25,15 pesetas, o sea el litro a dos pesetas. La duración de la presente tasa tendrá un mínimo de vigencia de dos meses, o sea hasta el 31 de diciembre próximo.
Se advierte, de una manera clara y terminante, que serán gravemente sancionados tanto los productores corno los comerciantes que no se atengan en un todo lo que se ordena en el presente bando, para lo cual he ordenado la más fiel y eficaz vigilancia, que en bien de todos es de esperar no sea necesaria.
Cuando leí el bando en el tablón del Circulo de la Amistad, tuve por cierto que habría estraperlo, pues el aceite se cotizaba en Córdoba al cuádruple de lo que el bando establecía y para entonces, primero de noviembre, se habían vaciado ya las pocas bodegas que contenían aceite de la campaña anterior. El aceite del Puente  de la campaña de 1935-36 se entregó en los molinos de Espejo,  pero luego volvió a la bodega del Cortijo, y no ha retirado todavía el Sebastián, así que allí  quedaría, podía ser, quizás, mil arrobas según mis cuentas. Y además que el aceite no se tira, el aceite tiene que estar en alguna parte, y aunque lo depositara el molino de Espejo, el aceite del Puente es del Puente,  y por lo tanto mío. Y el nuevo, el de este año, está en los arboles. La cuestión es quién lo tiene que coger: Los marqueses no, que están muertos; los rojos tampoco que lo van a perder…, y los nacionales pues…: ¡ que el precio bajará si cae en manos de Queipo!. Así que la cosa está clara, Serrano, me dije a sí mismo: de noviembre a enero el aceite vale en la calle más de cien pesetas la arroba. Luego bajará a veinte y cinco, que Queipo es mucho Queipo. Para hacer dineros no hay más que vender ahora de estraperlo, declarar el intervenido y reponerlo del de la nueva cosecha. Las cuentas claras: mil arrobas a cien pesetas, cien mil pesetas en un mes. El problema es buscar el aceite, venderlo ahora  y reponerlo cuando esté barato.
            Como El Puente está ya en zona nacional después que Sáez de Buroaga tomara Baena se dijo el Serrano:
-          puedo alargarme a la hacienda y ver si realmente quedaba allí aceite, pues en caso contrario, a qué hacer na.  Claro que si se lo ha llevado debe estar en Bujalance que sigue en zona roja. Alguien de mi confianza debe  estar en Bujalance en el momento de la toma. Redondo dice que Bujalance es objetivo prioritario por la fuerza que tiene allí la CNT .. Quedan apenas tres semanas para iniciar la recolección e intuí lo que había de pasar: los franquistas atacarían las zonas olivareras partiendo de Córdoba. De Puente Viejo a Castro había poco olivar; las plantaciones  de Baena estaban destrozadas y la campaña, de empezar, era conflictiva.
Yo sabía – continuó meditando el Serrano -  que el aceite no está en Baena según información que me dio Robles, un sargento de Sáez de Buroaga que había hecho pesquisas en el pueblo. Robles me lo dijo a mi porque me debía un favor de cuando el Andrés le hizo una barriga a la prima de su nuera y le echamos tierra al caso casándola con no me acuerdo quien. Robles no me engaña. Lo mejor es – le dijo al Serrano – buscar el aceite en Bujalance, en Porcuna, en Villanueva o en Montoro. El aceite está en el Guadalquivir y en Jaén; buscarlo en otro sitio es perder el tiempo.  Además pensé, en Bujalance está el Floro, el guarda del Puente y la Rosa y ellos pueden darme información. Ver a la Rosa es siempre una baza para quien cumpla el encargo. En definitiva el aceite es mío en tanto que yo era el arrendatario del Puente en 1935. La cuestión es buscarlo. Para recuperar el aceite necesito un documento de requisa que me puede proporcionar el Algabeño y que alguien se pegue a las huestes de Franco que atacaran Rio Guadalquivir arriba. El que vaya tiene que estar en contacto con la zona republicana … lo mejor será que hable con  Luis Redondo.
De esta guisa, y sin decir una palabra en el Circulo, Antonio Pérez tomó su jaca y cabalgó hasta Puente llegando al atardecer. La Hacienda estaba saqueada y solitaria. La casa de Señores destrozada, las yuntas robadas, el ganado desaparecido y solo el cadáver de su perro Tango, el mastín de la finca, ya hinchado y maloliente, permanecía en la lonja de entrada. Sin pensárselo dos veces se fue a casa del Floro, en antiguo guarda. El Serrano sabia que Juan Sánchez el Caguetilla estaba allí. Lo sabía por Cagueta que había mandado al  Curro, mulero y también amigo del Floro, desde la Cruz de Hierro a Córdoba antes de su muerte en la parra. La nota del Cagueta decía  lo siguiente:
Serrano: A finales de julio llegó el Andrés al Cortijo con ciento y pico hombres de Baena. Destrozaron y robaron lo que quisieron y luego un avión los esturreó por el Soto. Muchos murieron, pero no el Andrés que se quedó en la bodega. Enterramos a los muertos el sábado y el domingo salimos para Bujalance después de descolgar al Gumersindo de la encina del cornijal. ¿Recuerda Usted al Gumersindo? Sí, el Gumersindo, el zagal medio bobo que iba con los marranos de Leocadio. Lo colgaron por confundir un avión de Cascajo como si fuera de la República. Parece ser que los que quedaron vivos, a resultas de lo del avión,  se reunieron en Castro y huyeran a Baena. Se han llevado al Floro y a la Rosa; a los pastores también;  yo me subí con ellos para salvar la vida y nos han dejado en un Cortijo de Cañete que se llama la Cruz de Hierro. No sé  si se han llevado a alguien más. La Rosa está conmigo, y  su padre creo en Bujalance. Quedó en volver a la Cruz y hasta la fecha. Mi Juan  el Caguetilla, según me han contado, volvió al Puente a buscar a la Rosa  para llevársela a Córdoba, pero encontró el nido vacío. Me han dicho que ha vuelto al Puente por si la Rosa regresa con el Floro; si no, dice que irá a Bujalance o al fin del mundo. Los zagales está cegaos y lo más fácil es que lo maten también. A mí me dicen que me han enrolado en la Milicia de Bujalance, ya ve usted, ¡a mis años!, y no sé para donde voy a tirar, ni si el enlace que le lleva esta carta pasará las líneas. Ya sabe que soy de los suyos pero tiraré tiros para donde me manden o los recibiré cuando Dios quiera. Se despide, el Cagueta.
Con la nota en la mano entré en la casa del Floro. La puerta estaba entreabierta y apenas se veía la habitación iluminada con la única luz de una pava de paja en la chimenea. Se cocía allí lentamente un pucherillo de garbanzos que olía  en el cuartucho de forma peguntosa.
-          Sé que estás aquí, Juan; sal que soy yo, el Serrano. Pero no obtuvo contestación. Sal que soy José y te traigo noticia de tu padre y de la Rosa.

El Juan salió de detrás de unos sacos de guano con una almaina en ristre.
-          Yo no te he robado ni tengo nada que ver con el Comité de Baena ni con el de Bujalance. Me han dicho que mandaron al Floro a entregar el aceite en Bujalance y se llevaron a Rosa con ellos.  El Floro es el guarda del Puente y eso no se olvida. Volverá al Puente; Rosa y yo estamos citados aquí y Rosa volverá con su padre.
-           Baja la almaina, gilipollas; ¿y si no vuelven?
-          Si no vuelven es que los han matado y entonces me vengaré.
-          ¿Tú solo?, pregunté. ¿tú solo contra el ejército de la Republica? Tu, además de maestro escuela y curilla de mierda eres tonto del culo. Tú solo no vas a ninguna parte; el Andrés quiso que cantaras misa en el Soto; y ya sabes lo que significa cantar misa. Tú estás muerto en un lado y en el otro si no me haces caso, y le entregó la nota de Cagueta, su padre. Además el Andrés quiere a la Rosa; mejor será que vayas a Bujalance con los requetés de Redondo. La única forma de reencontrarte con la Rosa es unirte al ejército de Franco; están movilizando reservistas y pronto te llegará el turno. Si no llegas tarde a lo mejor te encuentras a la Rosa entera … Toma esta carta, vete mañana a la Veterinaria y pregunta por el Coronel D. Luis Redondo y te pones a sus órdenes. Él te llevará a Bujalance en un par de semanas y allí buscas a la Rosa en su casa o donde esté.
-          ¿Usted que gana con ayudarme?
-          Yo gano el aceite del Puente que se llevó el Floro a Bujalance…Él tiene que saber donde lo han puesto. Los requetés lo requisarán como del Puente. Donde esté el aceite  me lo escondes y yo iré por él. El Floro y la Rosa saben dónde está. Seguro.
-          ¿y si no voy?
-          Si no vas, si no vas…, pues a lo mejor el Floro queda por ladrón del aceite y los mismos requetés lo fusilan cuando tomen Bujalance; así que mejor que cojas la carta y estés mañana en la Veterinaria.
Cuando salí a la lonja del Cortijo hacia frio y la noche se echaba encima, así que abrí la casa de señores y me tumbé en un jergón; no había otra cosa. La jaca la metí en la cuadra y rebañé algo de rastrojo en los ejidos. En la cuadra había una mula roma. Luego vino el Caguetilla y me trajo un plato de cocido, y yo le ofrecí lo que tenía: una bota de vino. Al amanecer salí de la casa del Floro, monté en la jaca y la puse  al trote camino del Lobatón y de Córdoba. Ya no había que bajar por el Guadajoz. Supongo que el  Caguetilla salió detrás de mí en la mula roma  que no pillaron los de Baena el día del avión. La mula estaba trabada en la huerta y no la vieron los milicianos. Luego, alguien la soltó y deambularía por los ruedos de la Hacienda cuando llegó Juan a por la Rosa. La trabaría  y se hizo con el animal. El caso es que estaba en la cuadra.
De una forma u otra, lo cierto es que al día siguiente el Caguetilla se presentó en el Cuerpo de Guardia de la Veterinaria y entregó la carta del Serrano al suboficial jefe de puesto:
-          Es para el Coronel Redondo
-          Espera aquí, respondió el sargento.
Pocos minutos después el Caguetilla entraba en el despacho del Coronel:
-          A las órdenes de usía mi Coronel, dijo Juan.
-          Descansa muchacho ¿de qué conoces al Serrano?
-          Mi padre es empleado del Puente Viejo
-          Ya…; ¿Estás  licenciado?, ¿cuando se reengancha tu quinta?
-          Me licencié el año pasado, y espero que me llamen cualquier día.
-          ¿Qué sabes hacer?
-          Soy maestro de escuela
-          Pues el día de tu reenganche es mañana. Preséntate al sargento que te apunten y te den uniforme de requeté y armamento. Esta noche vienes a retreta. Pasas a estar a mis órdenes directas en comunicaciones. Si hay algún problema o alguna duda que vengan a verme. De momento te vas a incorporar al trabajo del Algabeño.  Puedes retirarte.
Y así fue como Juan Caguetilla se enroló en los requetés de San Rafael a las órdenes de D. Luis Redondo y del Algabeño tal como teníamos hablado. El Caguetilla – que me tiene alejado de la Rosa –, sigue contando el Serrano, se va a convertir en mi hombre de confianza en Bujalance. Cosas que tiene la vida. Así que los  dos objetivos que decía al principio ya están cumplidos. La orden de requisa me la ha dado el Algabeño – claro que hay que darle su parte que nada es gratis - y al Caguetilla le pago con que vea a la Rosa que no es poco. Según el de Algaba  acabaremos metiéndolo de una forma u otra en la zona roja. Por ver a la Rosa el Cagueta se mete en el infierno.
            El mismo Caguetilla nos cuenta como fue aquello según los planes del Serrano.

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