miércoles, 3 de abril de 2013

CUENTO DE LAS PROPIEDADES MEDICINALES DEL OLIVO SALVAJE Y DOMESTICO




Es significativo como los conocimientos científico médicos de los griegos llegaron en la Edad Media a los países Europeos, y como con ellos se gestó en Italia, y más tarde en el resto de Europa, la decisiva etapa del Renacimiento. En efecto: el peregrinaje de la Ciencia, y especialmente de las ciencias médicas merece no ya un cuento, sino un estudio histórico pormenorizado de este fenómeno cultural tan decisivo en el devenir del pensamiento occidental. Este estudio, además, ha sido ya realizado por los mejores especialistas de la materia desde hace muchos años.
Pero este librejo es una recolección de cuentos y como tal, y en relación al olivo, os voy a dar algunos datos curiosos de lo que sucedió en la Córdoba de Abderramán III en la época de la proclamación del Califato Omeya.  Como es lógico, al darle la palabra a Abderramán III, o a su médico Hasdai me tengo que inventar lo que dijeron, porque por desgracia yo no estaba allí; pero lo que no me he inventado son las propiedades que los romanos atribuían al olivo; y no me las he inventado porque constan en el Pedacio Dioscorides traducido por Andrés Laguna y publicado en Salamanca en 1555.    Así pues este cuento, como todos los cuentos, tiene parte documentada y parte de ficción, y espero que os guste. Ahí va.
Sería el año 949 de nuestro calendario cuando llegó a Córdoba un embajador  del Emperador bizantino Constantino Porfirogéneta.
-          Señor, dijo el embajador a Abderramán III cuando estuvo en su presencia: el Emperador, mi amo, os obsequia con la más útil obra que ha dado el pensamiento griego. Una obra que recoge todas las plantas medicinales del califato Abasí. Lo escribió el médico romano Pedacio Dioscorides Anazarbeo hace más de siete siglos, y ha sido traducido al árabe en Bagdad. La gran medicina de Jundisapur se basa en el conocimiento de esta obra.
-          Que venga Hasdai a mi presencia, ordenó Abderramán.
Hasdai ibn Shaprut era un judío de Jaén oficialmente medico del Califa y que hablaba, además del hebreo, el árabe y el latín, pero no el griego. Hasdai ojeó el códice del Dioscorides y comprobó cómo, en efecto, el texto estaba precisamente en griego.
-          Señor, este códice está en griego…, aunque según el embajador bizantino lo han traducido al árabe en Bagdad…
-          ¿Cómo puedo sin humillación pedirle a un Califa Abasí una traducción al árabe de un texto griego? ¿No hay nadie en Córdoba que haga el trabajo…? dijo el Sultán de los creyentes.
-          Señor, hay traductores que saben griego, pero no saben medicina y hay médicos que saben medicina pero no saben griego. ¿Quizás en Toledo…?
-          Quiero la traducción aquí en Córdoba y ya. El Califato Omeya debe conocer las plantas medicinales…; vuelve a Bizancio – le dijo al embajador - y dile a tu Emperador que me envíe un traductor de confianza. Este códice estará en árabe y al servicio de mis súbditos antes de un año…; Hasdai, tu eres médico; te encomiendo esta orden, que el embajador tenga a su disposición una nao en Málaga lo antes posible…y que el embajador embarque presto
-          Escucho y obedezco contestó Hasdai...
Y así fue como tres meses después llegó a Córdoba el fraile Nicolás enviado por el Emperador Constantino, y como entre Nicolás y Hasdai pusieron el Dioscorides del griego al árabe, y en árabe se difundió por toda España.[1].

Quinientos años después el Dioscorides se imprimió por primera vez, en latín, en 1478, en Colle ( Toscana)) por Pedro Paduano. Y unos años después fue traducido al castellano por Andrés Laguna
A principios del S. XVII cierto boticario llamado Antón el malagueño le contó a si hijo Gonzalo las virtudes del olivo, y para precisar más le pidió le trajera el Dioscorides de Laguna y que leyera el capitulo CXVI de la obra.
-          Lee tú, hijo; lee tú que yo apenas veo. Y el Gonzalo comenzó de esta manera:
“ Del olivo salvaje y domestico”…, yo no conozco el olivo salvaje …
-          Son los acebuches, hijo. Si quieres encontrar uno sigue el vuelo de una paloma hasta las cercanías de un palomar…
-          ¿Qué tiene que ver, padre, la paloma con el acebuche?
-          Cuando una paloma se traga una aceituna en el mes de febrero o marzo – cuando la aceituna está en el suelo – fermenta en el buche una sustancia que le quita la virtud a la simiente; allí donde la paloma cague nacerá un acebuche, si el hueso conserva su esencia y …,pero venga, vamos, le animó el padre; déjate de acebuches,  lee despacio y con atención que este capítulo de la Palestra trata de la planta reina de la medicina y la botica,,,; además que sepas que las propiedades que vas a leer son de la época de los romanos…, hace casi mil quinientos años. Y desde la fundación de Atenas, Atenea presentó a Zeus esta planta como sanadora del cuerpo… 

Y el Gonzalo continuó de esta guisa:
“Las hojas del olivo salvaje, aprietan. Majadas y aplicadas en forma de emplasto, sanan el fuego de San Antón, las postillas llamadas epinyetidas de los Griegos, los Carbúnculos, las llagas que van cundiendo, las corrosivas, y finalmente los panadizos. Aplicadas con miel hacen caer las costras engendradas de los cauterios, mundifican las llagas sucias, resuelven las inflamaciones y sueldan  
Cuando Gonzalo terminó la lectura de las propiedades del olivo, oyeron unos pasos; era el Caminante que se alejaba doblando una hoja de papel.
-          Creo, dijo Gonzalo, que ese hombre ha copiado lo que yo leía.
Tenlo por seguro, Gonzalo, que del olivo el Caminante hará verso; y si no, léete el cuento de Yusuf que viene a continuación


[1] Pedacio Dioscorides Anazarbeo vivió en Roma en la época de Nerón.  Fue un médico y farmacólogo que siguió a las legiones romanas por toda la cuenca mediterránea y escribió una obra en cinco volúmenes, titulada De Materia Medica, precursora de la moderna farmacopea. El texto describe unas 600 plantas medicinales,  90 minerales y alrededor de 30 sustancias de origen animal

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