Erase una vez un hombre que se
quedó solo y aterido. Al verse solo se apartó a una montaña y vivió allí
hablando con su perro. Un día escribió un mensaje y lo metió en una botella
para lanzarla al mar con la esperanza de que alguien la encontrara, leyera el
mensaje y escuchara su voz. Pero en la montaña no había mar, ni rio, ni lago,
ni nada. Así pues la esperanza de la botella y su mensaje quedaron inmóviles en
un rincón de la casa. Y pasó mucho tiempo.
Pensó nuestro hombre que el
mensaje fuera con el viento, y sacó el papel de la botella y lo dobló
primorosamente y fabricó un avioncito de papel. Subió a lo alto de la montaña y
lanzó el avión con todas sus fuerzas hacia la tarde, hacia un sol enrojecido
que se escondía en el horizonte. Pero el avión apenas planeó; subió con la
brisa un par de metros, hizo un bucle en el aire y cayó casi en los pies de
nuestro amigo el aterido.
Fracasado pues el invento del
avión volvió a la casa y colgó el mensaje, es decir el avión, de una viga de su
cuarto. Así planeará sobre mi espíritu, y allí estuvo mucho tiempo.
Lo llevará el Tobi, se dijo. Tobi
era el perro. Y fabricó una cajita de madera,
la cosió al collar del chucho y metió en ella el mensaje.
-
Vete Tobi, le ordenó al chucho: vete hasta el
valle, busca a alguien, dale mi mensaje. El tiempo se me acaba Tobi, date
prisa, lleva mi mensaje.
Pero Tobi movió el rabo y se
tumbó a la vera de su dueño y ni las amenazas ni los ruegos consiguieron
moverlo de allí. Tobi me quiere, se dijo el aterido, no me dejará solo, no se
moverá de mi lado. Y nuestro hombre acarició la cabeza del perro y se volvió a
la casa con la cajita de madera. Y pasó mucho tiempo.
Un día atravesó una caravana por
la montaña del hombre aterido, y saliendo a su encuentro nuestro hombre le dijo
a alguien que le tendió la mano :
-
Lee este mensaje y llévalo por favor hasta el
valle. Difúndelo si te place.
-
Malamente puedo ayudarte; estoy muy ocupada. No
pasaría de la primera letra; me quedaría en el zaguán.
Y guardando silencio, la mujer
siguió su camino.
Finalmente una noche de invierno,
a la luz de su alcuza, el hombre aterido leyó el mensaje y pensó que los
mensajes del alma caminan con ella y en ella misma se difunden. Son, pensó,
como una capa de paño. El que a ellos llegue sabrá que tengo frío, que mi
mensaje aspira a jugar con las estrellas y estas, a las estrellas, solo se asciende con el alma. Algo así como
el ultimo cuento del aceite, que implora calor en la capa colgada de las paredes de de la vida. Y de esa forma el
mensaje llegó hasta donde tenía que llegar.
Y colorín colorado este cuento, y
este librejo, se ha acabado; pero no me he resistido a copiar el mensaje del hombre aterido para que él que
quiera entender entienda, y entendiéndolo lo cumpla. Dice así:
Mensaje del hombre aterido
No gravéis mi nombre en una piedra,
Dejadlo bajo la sombra de un olivo.
Nombre solo, libre, sin materia,
Que ascienda hacia el azul por ser el mismo,
Que se acaricie de los murmullos todos
Y alcance su meta en el olvido.
No me hagáis ataúd, ni esquela, ni mortaja;
No atosiguéis de flores mí mañana;
Que el recuerdo mío se aleje con el viento
Poco a poco, suavemente,
como se alejan los tamos de las parvas.
Dejad mi nombre libre cuando la muerte acuda;
Dejadlo libre para jugar con ella;
Como un atardecer, como un suspiro,
Como el parpadeo lejano de una estrella.
Dejad mi nombre libre cuando la muerte acuda,
Dejadlo bajo la sombra de un olivo…
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ResponderEliminarLo que más me llama la atención es que no hubo ningún comentario a esta entrada. Tal vez, el mensaje del hombre aterido, solo estaba destinado a llegar a un alma y, esta, todavía la estaba preparando el destino para ponerla en su camino. Por eso el avioncito volvió a casa; por eso Tobi no quiso separarse del hombre aterido dándole su calor. Es un buen perro y su instinto le decía que debía quedarse allí hasta que el mensaje llegara a quien tenía que llegar.