viernes, 19 de abril de 2013

EL ÚLTIMO CUENTO DEL ACEITE




Erase una vez un hombre que se quedó solo y aterido. Al verse solo se apartó a una montaña y vivió allí hablando con su perro. Un día escribió un mensaje y lo metió en una botella para lanzarla al mar con la esperanza de que alguien la encontrara, leyera el mensaje y escuchara su voz. Pero en la montaña no había mar, ni rio, ni lago, ni nada. Así pues la esperanza de la botella y su mensaje quedaron inmóviles en un rincón de la casa. Y pasó mucho tiempo.
Pensó nuestro hombre que el mensaje fuera con el viento, y sacó el papel de la botella y lo dobló primorosamente y fabricó un avioncito de papel. Subió a lo alto de la montaña y lanzó el avión con todas sus fuerzas hacia la tarde, hacia un sol enrojecido que se escondía en el horizonte. Pero el avión apenas planeó; subió con la brisa un par de metros, hizo un bucle en el aire y cayó casi en los pies de nuestro amigo el aterido.
Fracasado pues el invento del avión volvió a la casa y colgó el mensaje, es decir el avión, de una viga de su cuarto. Así planeará sobre mi espíritu, y allí estuvo mucho tiempo.
Lo llevará el Tobi, se dijo. Tobi era el perro. Y fabricó una cajita de madera,  la cosió al collar del chucho y metió en ella el mensaje.
-         Vete Tobi, le ordenó al chucho: vete hasta el valle, busca a alguien, dale mi mensaje. El tiempo se me acaba Tobi, date prisa, lleva mi mensaje.
Pero Tobi movió el rabo y se tumbó a la vera de su dueño y ni las amenazas ni los ruegos consiguieron moverlo de allí. Tobi me quiere, se dijo el aterido, no me dejará solo, no se moverá de mi lado. Y nuestro hombre acarició la cabeza del perro y se volvió a la casa con la cajita de madera. Y pasó mucho tiempo.
Un día atravesó una caravana por la montaña del hombre aterido, y saliendo a su encuentro nuestro hombre le dijo a alguien que le tendió la mano :
-         Lee este mensaje y llévalo por favor hasta el valle. Difúndelo si te place.
-         Malamente puedo ayudarte; estoy muy ocupada. No pasaría de la primera letra; me quedaría en el zaguán.
Y guardando silencio, la mujer siguió su camino.
Finalmente una noche de invierno, a la luz de su alcuza, el hombre aterido leyó el mensaje y pensó que los mensajes del alma caminan con ella y en ella misma se difunden. Son, pensó, como una capa de paño. El que a ellos llegue sabrá que tengo frío, que mi mensaje aspira a jugar con las estrellas y estas, a las estrellas,  solo se asciende con el alma. Algo así como el ultimo cuento del aceite, que implora calor en la capa colgada de las  paredes de de la vida. Y de esa forma el mensaje llegó hasta donde tenía que llegar.
Y colorín colorado este cuento, y este librejo, se ha acabado; pero no me he resistido a copiar  el mensaje del hombre aterido para que él que quiera entender entienda, y entendiéndolo lo cumpla. Dice así:

Mensaje del hombre aterido
No gravéis mi nombre en una piedra,
Dejadlo bajo la sombra de un olivo.

Nombre solo, libre, sin materia,
Que ascienda hacia el azul por ser el mismo,
Que se acaricie de los murmullos todos
Y alcance su meta en el olvido.


No me hagáis ataúd, ni esquela, ni mortaja;
No atosiguéis de flores mí mañana;
Que el recuerdo mío se aleje con el viento
Poco a poco, suavemente,
como se alejan los tamos de las parvas.

Dejad mi nombre libre cuando la muerte acuda;
Dejadlo libre para jugar con ella;
Como un atardecer, como un suspiro,
Como el parpadeo lejano de una estrella.

Dejad mi nombre libre cuando la muerte acuda,
Dejadlo bajo la sombra de un olivo… 

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Lo que más me llama la atención es que no hubo ningún comentario a esta entrada. Tal vez, el mensaje del hombre aterido, solo estaba destinado a llegar a un alma y, esta, todavía la estaba preparando el destino para ponerla en su camino. Por eso el avioncito volvió a casa; por eso Tobi no quiso separarse del hombre aterido dándole su calor. Es un buen perro y su instinto le decía que debía quedarse allí hasta que el mensaje llegara a quien tenía que llegar.

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