lunes, 11 de marzo de 2013

HISTORIA DE JUAN EL CAGUETILLA Tercera parte


3. De cómo el Caguetilla paso de requeté a formar parte de las Brigadas Internacionales

Sigue contando el Caguetilla.

Pero yo – como ya tengo dicho, continuó el Caguetilla,  no fui en ninguna de ellas. Por orden directa del capitán me mandaron volver a Cañete y presentarme al Comandante que custodiaba aquel pueblo desde  hace dos días. Se trataba del comandante Ortiz Magariño.

-          A las órdenes de Vd., mi comandante, se presenta el requeté Juan Rodríguez…
-          ¿Usted es el Caguetilla?; feo apodo, Juan; y más en tiempos de guerra.
-          Yo soy Juan Rodríguez mi comandante.
-          Es igual: tengo orden de que venga conmigo y siga mis instrucciones con precisión. Mañana se presenta Vd. en intendencia con este billete y le darán un macuto con ropa del ejército republicano. No diga nada; se une con nosotros hasta Rio Salado y allí se queda aunque nuestra columna retroceda; se pone Vd. la ropa del macuto, quema la suya y espera bajo el puente que vengan a buscarle; Usted ya conoce a su enlace así que no habrá problemas. A partir de ahí será Vd. un soldado de la República y le darán nuevas órdenes.  Esta conversación es secreto de Guerra; si no lo guarda, o contradice mis órdenes, es hombre muerto. ¿me entiende?
-          No, mi comandante, pero haré exactamente lo que Vd. me ordene.
  

De esta guisa, con uniforme de requeté, y ropa de las brigadas internacionales en el macuto inicié, con la Columna Magariños, mi aproximación a Porcuna. Los planes – según pude ver - eran la ocupación de Porcuna por la acción combinada de tres columnas: La columna Redondo, es decir, la mía de requetés de San Rafael.  El Batallón de Cádiz (Comandante Ortiz de Magariño) en la que yo desde ayer estaba enrolado y por último, la columna de Gómez Cobián, que desde el día 19 estaba posicionada en las avanzadillas de Valenzuela.
Llegados a Rio Salado hice lo que me ordenó el comandante Magariños: quemé mi uniforme, me puse el de las  Brigadas Internacionales y me escondí debajo del puente. Serian las doce de la noche del 27 de diciembre cuando vinieron a recogerme…

-          ¿Es usted el Caguetilla?
-          A sus ordenes mi sargento, dije al adivinar en la oscuridad los galones del contacto
-          Sígame.

El sargento se deslizó barranco abajo y tras tres horas de marcha estábamos en el campamento de la Brigada Walter. En la madrugada del 27 al 28 de Diciembre, tras un noche de intensa lluvia, se efectuó el primer ataque importante de las tropas internacionales.- Por la carretera que desde Andújar conduce a Lopera atacó la columna compuesta por los batallones 10, 11 y 12 de la XIV Brigada Internacional (Walter), a la que me habían enrolado

No sé mucho más: yo estaba, ciertamente era el 28 de diciembre y mi situación parecía una inocentada: estaba digo combatiendo en las proximidades de Lopera contra mis compañeros del teniente coronel Redondo; vestido de internacional; con Porcuna y la Rosa a mis espaldas; con la amenaza del comandante Magariños y, al menos teóricamente, a las ordenes de la banda del Algabeño –  que había huido desde Bujalance junto al capataz del Puente Viejo, el Andrés de Baena. Me había convertido en espía de los nacionales, espía de los republicanos, espía de los señoritos caballistas del de Algaba, en fin espía de mí mismo que solo intentaba buscar a la Rosa y escapar hacia donde fuera…, es lo mismo: en todos sitios me mataban. Con tales pensamientos no es de extrañar lo que pasó: que me dieron un tiro – no sé de qué bando – que me llevaron a Porcuna y desperté en una especie de hospital donde….¡¡¡¡ trabajaba la Rosa de enfermera!!! No lo vi raro, lo vi natural, lo más natural del mundo: si yo era rojo e internacional y luchaba contra los requetés de San Rafael, pues eso: menos raro era que estuviera allí la Rosa, que fuera enfermera de la Republica, que  me diera la mano y me  secara el sudor de la frente.  Así que cerré los ojos e intenté seguir así… medio inconsciente y con la Rosa. Era lo más gustoso y quizás también  lo más sensato.

-          ¿Qué haces vestido de internacional?, me preguntó la Rosa al día siguiente y calmados los ánimos
-          Ni siquiera yo lo sé Rosa, amor mío. ¿sabes algo de mi padre?
-          Tu padre se quedó en la Cruz de Hierro…¿Lo mataron allí?
-          Si. Fue un valiente, Dijo la Rosa sin más, aunque con dulzura infinita
-          ¿Por qué lo mataron?
-          Alguien desde Bujalance anda detrás de una partida de aceite del Puente Viejo…; yo creo que es el Andrés, pero no estoy segura. Tu padre me protegió a mí y a Francisco. Creían que nosotros sabíamos dónde estaba el aceite pues parece ser que alguien lo robó en la Cruz. A Francisco le han cortado una pierna y está aquí en Porcuna en casa de mi tía Ángela
-          Yo también voy detrás de esa partida. Se ve que por los rojos la quiere el Andrés, y por los fascistas el Serrano y el Algabeño.
-          Y de tu padre… ¿del Floro qué sabes?
-          No sé na. Tenía que llegar a la Cruz pero no llego. Quien llegó fue el Andrés que me persigue tanto como al aceite y tuve que salir huyendo para Porcuna
-          Si te ha hecho algo lo mato …
-          Déjate de matar que eso, en dicho, es para tiempos de paz. Ahora no; ahora no lo dicen, ahora lo hacen y se callan. Oye Juan ¿qué tienes tú que ver con el Algabeño?
-          En teoría estamos en el mismo bando y con los mismos objetivos
-          Eso está claro pues lo primero que hizo el Algabeño al pisar Porcuna fue ir a mi casa …Si, a mi casa; parece que mandado por el Andrés. Llegó a mi casa, amenazó con matarte si no le contaba lo que sabía… y acabó intentando hacerme lo de la adelfa.
-          ¡Qué coño estás diciendo!, si el Algabeño es de Queipo… ¿Cómo puede estar en Porcuna si no han entrado todavía los requetés?
-          Pues está, y me habló de ti y me dijo que eras hombre muerto si no llevo al Andrés hasta el aceite antes de que entre Redondo.
-          ¿Y qué le dijiste?
-          Le dije que viniera el Andrés a las uvas de fin de año y que lo llevaría al aceite.
-          De forma que estás con ellos…
-          Yo no estoy con nadie, Juan; yo estoy contigo.
-          ¿Pero tú sabes dónde está la partida?
-          Si
-          ¿Y eso?
-          Mi tía Ángela estuvo ennoviá con uno de Cañete…El Algabeño me dijo que el Andrés te traería vivo hasta mí …; qué si lo traicionaba te mataría. La tía Ángela indagó y parece que el aceite está en la bodega de una casa de señores donde ella fue moza del servicio…
-          ¿Y?
-          Que apareciste herido y vestido de internacional. Esta Guerra no hay Dios que la entienda. Tú, Juan mío, ¿de qué bando eres?
-          Yo soy del bando de donde esté la Rosa. ¿Tú eres de la Republica?
-          Juan: ¿tú me ves a mí de algún bando?; yo soy tuya desde el día de Santiago…Ni entiendo ni quiero entender de otra cosa. ¿Qué vamos a hacer?
-          ¿sabes las heridas que tengo?
-          No son nada. Te han podido matar pero gracias a Dios no son na.
-          ¿podré escaparme  del hospital?
-          Si; yo pondré los medios… El capitán médico se bebe los vientos por mí.
-          Tú le gustas a todo el mundo…
-          Y a mí no me gusta más que el Caguetilla…, y me besó.

El día 31, a eso de las once vendrá el sargento con un parte de alta; lo firmas y te ordenará te presentes a la Walter; no vayas a tu compañía, coge la calle Real y te plantas en la puerta de la sacristía de la Iglesia. Allí te buscare yo.   Ahora tengo que irme.

En el amanecer del día 29 de Diciembre  se endurecieron los ataques de las tropas republicanas, con infantería, blindados y alguna artillería, manteniendo en difícil situación a los efectivos nacionalistas  Yo seguía en el hospital y la Rosa me tenía al tanto. Los más duros combates tuvieron lugar en el Cerro de San Cristóbal, situado al Norte de Lopera, cerca de la carretera de Andújar.- El Cerro de San Cristóbal había sido ocupado anteriormente por el escuadrón de Ceuta, y parte del Requeté que le reforzó cuando se recrudecieron los combates.

La caballería se desplegó por el Cerro de San Cristóbal en una maniobra envolvente, compuesta aquella por la Policía Montada de Sevilla, y los escuadrones de Melilla y Ceuta, que fueron a situarse en las proximidades de Marmolejo. Se entabló un combate desde estas posiciones, pretendiendo las Brigadas correrse por el flanco izquierdo para a su vez envolver a estas tropas, sin que lo lograsen. Llegado este momento se desplegó el Requeté a pecho descubierto hasta conseguir la toma de otra loma más avanzada. Esta maniobra consiguió que los internacionales desistiesen de los ataques, ante lo difícil que encontraban la reconquista de Lopera..

A la noche vino a verme en el hospital el Algabeño; estaba, como yo con el uniforme de brigadista y me abordó sin miramientos.

-          Tienes aquí a la Rosa de enfermera; tienes suerte.
-          Sí, tengo mucha suerte.
-          Pues que no se te acabe. Sigue mis instrucciones y puedes aún salvar su vida y la tuya…
-          Usted dirá
-          El día treinta y un te darán el alta. Te reunirás con el Andrés donde la Rosa te diga y los llevas hasta el aceite. Yo salgo para Córdoba a informar a Redondo y al Serrano de lo que ocurra. Si el aceite está en manos del Andrés es como si estuviera en mis manos, así que no habrá problemas; si no tengo noticias de la requisa, el Andrés tiene órdenes de matar a tu novia. Si la moza no es pa él le da lo mismo. Luego te matará a ti. Cuando entren los requetés te pones este uniforme y te unes al S. Rafael.
-          Yo no sé dónde está el aceite; además el Andrés es rojo y no sé como llegará el aceite a Córdoba con él.
-          El aceite se quedará en Porcuna confiscado con este papel que te doy. Está a nombre del Floro, pero como el Floro está muerto…, pues la responsable es la Rosa. Luego recibiréis ordenes directas mías de lo que hay que hacer.
-          A la Rosa no hay que meterla en este follón; ella no sabe nada.
-          La Rosa es la Rosa y estará contigo si haces lo que te ordeno; si no será del Andrés o mía ¿estamos?. El aceite se queda en donde esté y a cargo de la muchacha. Ella y tu os lo jugáis todo a una carta. Ya te digo que me voy esta noche a Córdoba, y por lo tanto no tendrás noticias  hasta que las cosas se calmen, pero  tengo dadas ordenes de que te quedes en la guarnición de Porcuna. Para ti la Guerra ha terminado.
-          ¿y si no salen las cosas como usted dice?
-          Si no salen las cosas como mando eres hombre muerto, y si hablas más de los que debes, pues también. Si antes de un mes no recibes ordenes mías harás lo que el Andrés te mande, esté el Andrés con los rojos o con los Nacionales. Pa este asunto es lo mismo.
Al día siguiente en el Cerro de San Cristóbal los combates fueron duros; por parte nacionalista se  ocasionaron numerosas e importantes bajas. Murió el teniente Joaquín Bilbao, mi teniente, y José García "El Algabeño". Es decir, el de Algaba no llegó a Córdoba y las instrucciones que me dio se fueron con él a la eternidad. Yo me enteré porque la noticia corrió como la pólvora por la Walter, y me quedé perplejo… Dios mío ¿qué hacer ahora?;  según me enteré más tarde el Algabeño fue nombrado a título póstumo Teniente Honorario de Caballería, e imponiéndosele la Medalla Militar Individual. Así que mi enlace en Porcuna había muerto en el cerro de San Cristóbal, y no sé si lo matarían los requetés o los internacionales;  y yo estaba allí, en un hospital militar de Porcuna esperando a no sé quien, en todo caso al Andrés, el capataz del Puente, que tenía jurado matarme.[1]


[1] Las tropas republicanas también sufrieron cuantiosas bajas, siendo de destacar la del escritor inglés Ralph Fox, que desempeñaba las funciones de comisario adjunto de la XIV Brigada Internacional, cuyo cadáver desapareció en los olivares entre Villa del Río y Lopera.- Así mismo el también súbdito inglés Jhon Cornford, profesor de Oxford, que perteneciente al 13 Batallón fue abatido en el Cerro de San Cristóbal.

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