2.-
De cómo el ejército de Franco llegó a Porcuna
Yo soy el Caguetilla, y por avatares de la vida estoy enrolado como
requeté a las órdenes del Coronel Redondo. Mi única mira es encontrar a la
Rosa, la mujer con la que me voy a casar en cuanto la encuentre, que debe estar
en Bujalance. Según el Serrano estaremos en Bujalance en unos días. Dice el
Serrano que la estrategia del Cuartel General del Ejército de Andalucía es
atacar para conquistar los olivares de Alcolea a Andújar. La cosecha es buena,
los árboles están cuajados de aceituna
madura.
El
terreno sobre el que va a operar la ofensiva, según el Serrano, toma como base
la línea Córdoba-Espejo-Castro- Baena,
es decir la línea sobre la que discurre
el río Guadajoz y que pasa por el Puente Viejo. Yo me he criado en esas tierras
y las conozco como la palma de la mano. Desde allí quieren llegar a Porcuna pasando
por Valenzuela y Albendín. En el centro están Cañete de las Torres y Bujalance, el pueblo
de la Rosa.
Y
en efecto, según fueron las cosas, la Orden General de Operaciones disponía la
ofensiva iniciándose con dos columnas; una, al mando del teniente coronel Luis
Redondo García, la nuestra, y otra bajo el comandante Alfonso Gómez Cobián.
Cada columna tenía unos efectivos de unos 2.000 hombres, aproximadamente. La columna de Redondo la constituía, entre
otros el Tercio Cordobés de San Rafael
al que yo pertenezco.
El día 11 de diciembre, entrada la mañana, nos pusimos en marcha en dirección a Cabra, alojándonos, al llegar en el Colegio de las Madres Escolapias. A eso de las nueve me mandaron presentarme al Capitán.
El día 11 de diciembre, entrada la mañana, nos pusimos en marcha en dirección a Cabra, alojándonos, al llegar en el Colegio de las Madres Escolapias. A eso de las nueve me mandaron presentarme al Capitán.
-
A sus ordenes mi capitán.
-
En las
Escolapias hay una monja de la Algaba, ¿la conoces?,
-
No mi capitán
-
¿y a su hermano el caballista?
-
Lo vi rejonear en la Maestranza mi capitán, pero
no he hablado nunca con él. El Coronel me dijo que estaría a sus órdenes…
-
Está aquí y quiere conocerte. Vendrá esta noche
después de la retreta a ver a su hermana. Tiene órdenes de contactar en
Bujalance con la resistencia y me han dicho que tu padre es de allí…
-
De Bujalance es mi suegro. No sé dónde está mi
padre mi capitán.
-
Bueno, puede que esté allí… y la Rosa también.
-
No entiendo, mi capitán, que tiene que ver la
Rosa con esto, ni de qué conoce usted a mi novia.
-
Tú estás aquí por el Serrano; Y el Serrano
conoce a la gente del Puente; Tu padre y la Rosa tienen que saber dónde está el
aceite del Serrano que se llevaron los rojos; si no nos lo dicen…; bueno que no
hay que hablar más, que si quieres que la Rosa tenga noticias tuyas y tú de la
Rosa le das una carta al Algabeño cuando venga esta noche. Puedes retirarte.
Me fui al barracón un tanto
confuso. Yo creía que la recomendación del Serrano era solo para meterme en el Ejército,
pero según lo visto se me pedía otra cosa. Lo que buscaba el Serrano era el
aceite y no más, y lo que me temía era involucrar a mi padre o a la Rosa en el asunto.
Y más con el Algabeño por mitad. El rejoneador no tenía buena fama. Al
contrario, alardeaba de mujeriego en pueblos ocupados por los franquistas;
mujeriego, pendenciero y cruel en las purgas. Decidí no poner en contacto a mi
Rosa con él. Ya recibiría noticias mías
por otro conducto. Así que a la noche acudí a la cita pero no le di carta
alguna al Algabeño ni la dirección del Floro; simplemente dije que no la sabía.
-
No hace falta la dirección, me dijo; ya la
averiguaré yo y le diré a tu novia que estás bien…Adiós…, Caguetilla.
Yo había visto al Algabeño en el Puente en una cacería
que dio la Marquesa. Luego lo volví a ver cuando quisieron criar ganao bravo.
Era "caballista de la capital”, rodeado siempre de los capataces y
aperadores del Cortijo del Alamillo en la Algaba, y según los rumores lo habían
fusilado en los primeros días de la Guerra.
El Algabeño era de las gentes de las grandes fincas, señoritos
acostumbrados a recorrer sus cortijos a caballo, aficionados a la equitación y
mozos de las ganaderías bravas. Vestían a la campera y con sombrero cordobés o
de paja con una escarapela con la bandera monárquica.
El 3 de
agosto Queipo de Llano dio cuenta por la radio que
“ Algabeño
está formando parte de una partida de falangistas de la que "se hablará mucho en su
día" al tiempo que desmiento su muerte, falsamente anunciada por un
periódico portugués.
"Esto, como sabéis, carece por completo de
veracidad. Pepe el Algabeño disfruta de excelente salud y está prestando
brillantísimos servicios en Falange y forma parte de una columna de la que se ha
de hablar en breve mucho y bien. El Algabeño está henchido de entusiasmo, como
todos los falangistas, y ha de dar muchos días de satisfacción y de gloria a
España, si no en los toros, como militar voluntario".
Probablemente Algabeño
perteneciera primero a la partida de Ramón Carranza, alcalde de Sevilla, y más
tarde al escuadrón del comandante Alfredo Erquicia Aranda, Agregado al Estado
Mayor de Queipo de Llano, se ocupaba de tareas represivas y de enlace hasta que
yo lo conocí en las Escolapias y luego en Porcuna tal como cuento.
En Cabra estuvimos, no sé bien por qué, hasta la tarde del
día 14 en que salimos para Baena llegando allí al anochecer, y en la madrugada
del 15 emprendimos la marcha hacia Cañete de las Torres. En los tres días siguientes se desarrollaron
cruentos combates en las inmediaciones del pueblo. La caballería de Regulares
al mando del comandante López de Letona realizó un movimiento envolvente por el
flanco izquierdo. Los nuestros llegaron hasta el Cortijo de la Cruz. En la Cruz
hicieron prisionero a un tal Juande que yo conocía de haber estado en el Puente
y que era, o había sido, amigo del Andrés. Antes de que lo fusilaran le pedí al
Capitán hablar con él.
-
Conozco al prisionero mi capitán. Él nos puede
ayudar a encontrar el aceite. Quizás tenga noticias de la Rosa y del Floro.
-
Ve y lo interrogas y luego me das parte,
contestó el capitán.
-
Juande ¿sabes quién soy?, le dije una vez que me
pusieron con el prisionero.
-
Si, el Caguetilla
-
¿Y la Rosa, y mi padre, y el Floro?, ¿Dónde
están? Sé que llegaron hasta aquí.
-
Yo no sé na, dijo el Juande.
-
Pues si no sabes na no podré ayudarte y tienes
el pelotón en las orejas…
-
Deja que piense…; a lo mejor me acuerdo. Al
Floro creo lo mataron en una refriega en Bujalance. Decían que era fascista y había robado una
partida de aceite…
-
¡Cabrones!, ¿y la Rosa?
-
La Rosa se fue huyendo del Andrés. No sé donde
está, pero en Bujalance no; la casa del Floro se la requisaron a una cuñada
hermana de la Ernesta. Ahora es del pueblo.
No hablamos más, pero al Juande le hicieron juicio
sumarísimo, lo fusilaron y lo enterraron junto a mi padre que él había matado
unos días antes…Yo no sabía que mi padre estaba enterrado allí.
Al amanecer del día 18 se proyectó la maniobra de ataque a
Cañete de las Torres por la vanguardia de las tropas de Redondo, integradas
primordialmente por Requetés :Tercios de la Merced, Virgen de los Reyes, Virgen
del Rocío, y de San Rafael, es decir mi tercio,
y en su flanco derecho protegido por la caballería de López de Letona,
pero los rojos habían volado los puentes del Barranco Hondo y tuvimos que
acampar cerca de la carretera de Porcuna desde donde ya se divisaba Cañete.
Al amanecer del día 20 el teniente coronel Redondo dio orden de tomar
Cañete de las Torres y tras ser batida por la artillería de la columna;
entramos en esta localidad al mediodía hallando escasa resistencia. A las 4 de
la tarde del mismo día 20, una columna a las órdenes del comandante Erquicias
Aranda tomó Bujalance sin apenas resistencia, pero yo no entré en el pueblo con
los vencedores por lo que os contaré más adelante. Mi misión en Bujalance según
las órdenes recibidas en Cabra era buscar a Rosa y a su padre y ponerme en
contacto con el Algabeño que debía estar allí; entonces no sabía cómo estaba el
Algabeño – un falangista . en Bujalance antes de que lo tomara Redondo. Ahora
sí que lo sé.
Parece ser que el Algabeño se había
introducido en las filas republicanas y llevaba, según me dijeron, un par de días
buscando a la Rosa en Bujalance. Pero lo que no supe hasta que tomamos Porcuna
es que el Andrés (sí, el Andrés, el capataz del Puente Viejo, el del Comité
Revolucionario de Baena) y el Algabeño,
huyeron juntos en la estampida de Bujalance; los dos a caballo, los dos – uno rojo y el otro fascista –
unidos para forjar mi desgracia. Ambos se concertaron en Bujalance, sin más meta que robar el aceite y forzar a
la Rosa, para escapar hacia Porcuna.
Tomado Cañete y Bujalance, las fuerzas se dividieron en dos columnas; una mandada por el
comandante Pérez de Guzmán tomó la carretera que de Bujalance se dirige a Pedro
Abad, y otra, al mando del teniente coronel Redondo García, tomó el camino del
Carpio.
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