domingo, 10 de marzo de 2013

HISTORIA DE JUAN EL CAGUETILLA Segunda parte


2.- De cómo el ejército de Franco llegó a Porcuna

Yo soy el Caguetilla, y por avatares de la vida estoy enrolado como requeté a las órdenes del Coronel Redondo. Mi única mira es encontrar a la Rosa, la mujer con la que me voy a casar en cuanto la encuentre, que debe estar en Bujalance. Según el Serrano estaremos en Bujalance en unos días. Dice el Serrano que la estrategia del Cuartel General del Ejército de Andalucía es atacar para conquistar los olivares de Alcolea a Andújar. La cosecha es buena, los árboles están  cuajados de aceituna madura.
El terreno sobre el que va a operar la ofensiva, según el Serrano, toma como base la línea  Córdoba-Espejo-Castro- Baena, es decir la  línea sobre la que discurre el río Guadajoz y que pasa por el Puente Viejo. Yo me he criado en esas tierras y las conozco como la palma de la mano.  Desde allí quieren llegar a Porcuna pasando por Valenzuela y Albendín.  En el centro están  Cañete de las Torres y Bujalance, el pueblo de la Rosa.
Y en efecto, según fueron las cosas, la Orden General de Operaciones disponía la ofensiva iniciándose con dos columnas; una, al mando del teniente coronel Luis Redondo García, la nuestra, y otra bajo el comandante Alfonso Gómez Cobián. Cada columna tenía unos efectivos de unos 2.000 hombres, aproximadamente.  La columna de Redondo la constituía, entre otros  el Tercio Cordobés de San Rafael al que yo pertenezco.
El día 11 de diciembre, entrada la mañana, nos pusimos en marcha en dirección a Cabra,  alojándonos, al llegar en el Colegio de las Madres Escolapias. A eso de las nueve me mandaron presentarme al  Capitán.

-          A sus ordenes mi capitán.
-           En las Escolapias hay una monja de la Algaba, ¿la conoces?,
-          No mi capitán
-          ¿y a su hermano el caballista?
-          Lo vi rejonear en la Maestranza mi capitán, pero no he hablado nunca con él. El Coronel me dijo que estaría a sus órdenes…
-          Está aquí y quiere conocerte. Vendrá esta noche después de la retreta a ver a su hermana. Tiene órdenes de contactar en Bujalance con la resistencia y me han dicho que tu padre es de allí…
-          De Bujalance es mi suegro. No sé dónde está mi padre mi capitán.
-          Bueno, puede que esté allí… y la Rosa también.
-          No entiendo, mi capitán, que tiene que ver la Rosa con esto, ni de qué conoce usted a mi novia.
-          Tú estás aquí por el Serrano; Y el Serrano conoce a la gente del Puente; Tu padre y la Rosa tienen que saber dónde está el aceite del Serrano que se llevaron los rojos; si no nos lo dicen…; bueno que no hay que hablar más, que si quieres que la Rosa tenga noticias tuyas y tú de la Rosa le das una carta al Algabeño cuando venga esta noche. Puedes  retirarte.

Me fui al barracón un tanto confuso. Yo creía que la recomendación del Serrano era solo para meterme en el Ejército, pero según lo visto se me pedía otra cosa. Lo que buscaba el Serrano era el aceite y no más, y lo que me temía era involucrar a mi padre o a la Rosa en el asunto. Y más con el Algabeño por mitad. El rejoneador no tenía buena fama. Al contrario, alardeaba de mujeriego en pueblos ocupados por los franquistas; mujeriego, pendenciero y cruel en las purgas. Decidí no poner en contacto a mi Rosa con él.   Ya recibiría noticias mías por otro conducto. Así que a la noche acudí a la cita pero no le di carta alguna al Algabeño ni la dirección del Floro; simplemente dije que no la sabía.
-          No hace falta la dirección, me dijo; ya la averiguaré yo y le diré a tu novia que estás bien…Adiós…, Caguetilla.
Yo había visto al Algabeño en el Puente en una cacería que dio la Marquesa. Luego lo volví a ver cuando quisieron criar ganao bravo. Era "caballista de la capital”, rodeado siempre de los capataces y aperadores del Cortijo del Alamillo en la Algaba, y según los rumores lo habían fusilado en los primeros días de la Guerra.  El Algabeño era de las gentes de las grandes fincas, señoritos acostumbrados a recorrer sus cortijos a caballo, aficionados a la equitación y mozos de las ganaderías bravas. Vestían a la campera y con sombrero cordobés o de paja con una escarapela con la bandera monárquica.
El 3 de agosto Queipo de Llano dio cuenta por la radio que
 “ Algabeño está formando parte de una partida de falangistas  de la que "se hablará mucho en su día" al tiempo que desmiento su muerte, falsamente anunciada por un periódico portugués.
"Esto, como sabéis, carece por completo de veracidad. Pepe el Algabeño disfruta de excelente salud y está prestando brillantísimos servicios en Falange y forma parte de una columna de la que se ha de hablar en breve mucho y bien. El Algabeño está henchido de entusiasmo, como todos los falangistas, y ha de dar muchos días de satisfacción y de gloria a España, si no en los toros, como militar voluntario".
Probablemente Algabeño perteneciera primero a la partida de Ramón Carranza, alcalde de Sevilla, y más tarde al escuadrón del comandante Alfredo Erquicia Aranda, Agregado al Estado Mayor de Queipo de Llano, se ocupaba de tareas represivas y de enlace hasta que yo lo conocí en las Escolapias y luego en Porcuna tal como cuento.
En Cabra estuvimos, no sé bien por qué, hasta la tarde del día 14 en que salimos para Baena llegando allí al anochecer, y en la madrugada del 15 emprendimos la marcha hacia Cañete de las Torres.  En los tres días siguientes se desarrollaron cruentos combates en las inmediaciones del pueblo. La caballería de Regulares al mando del comandante López de Letona realizó un movimiento envolvente por el flanco izquierdo. Los nuestros llegaron hasta el Cortijo de la Cruz. En la Cruz hicieron prisionero a un tal Juande que yo conocía de haber estado en el Puente y que era, o había sido, amigo del Andrés. Antes de que lo fusilaran le pedí al Capitán hablar con él.

-          Conozco al prisionero mi capitán. Él nos puede ayudar a encontrar el aceite. Quizás tenga noticias de la Rosa y del Floro.
-          Ve y lo interrogas y luego me das parte, contestó el capitán.
-          Juande ¿sabes quién soy?, le dije una vez que me pusieron con el prisionero.
-          Si, el Caguetilla
-          ¿Y la Rosa, y mi padre, y el Floro?, ¿Dónde están? Sé que llegaron hasta aquí.
-          Yo no sé na, dijo el Juande.
-          Pues si no sabes na no podré ayudarte y tienes el pelotón en las orejas…
-          Deja que piense…; a lo mejor me acuerdo. Al Floro creo lo mataron en una refriega en Bujalance.  Decían que era fascista y había robado una partida de aceite…
-          ¡Cabrones!, ¿y la Rosa?
-          La Rosa se fue huyendo del Andrés. No sé donde está, pero en Bujalance no; la casa del Floro se la requisaron a una cuñada hermana de la Ernesta. Ahora es del pueblo.

No hablamos más, pero al Juande le hicieron juicio sumarísimo, lo fusilaron y lo enterraron junto a mi padre que él había matado unos días antes…Yo no sabía que mi padre estaba enterrado allí.

Al amanecer del día 18 se proyectó la maniobra de ataque a Cañete de las Torres por la vanguardia de las tropas de Redondo, integradas primordialmente por Requetés :Tercios de la Merced, Virgen de los Reyes, Virgen del Rocío, y de San Rafael, es decir mi tercio,  y en su flanco derecho protegido por la caballería de López de Letona, pero los rojos habían volado los puentes del Barranco Hondo y tuvimos que acampar cerca de la carretera de Porcuna desde donde ya se divisaba Cañete.
Al amanecer del día 20 el  teniente coronel Redondo dio orden de tomar Cañete de las Torres y tras ser batida por la artillería de la columna; entramos en esta localidad al mediodía hallando escasa resistencia. A las 4 de la tarde del mismo día 20, una columna a las órdenes del comandante Erquicias Aranda tomó Bujalance sin apenas resistencia, pero yo no entré en el pueblo con los vencedores por lo que os contaré más adelante. Mi misión en Bujalance según las órdenes recibidas en Cabra era buscar a Rosa y a su padre y ponerme en contacto con el Algabeño que debía estar allí; entonces no sabía cómo estaba el Algabeño – un falangista . en Bujalance antes de que lo tomara Redondo. Ahora sí que lo sé.  

 Parece ser que el Algabeño se había introducido en las filas republicanas y llevaba, según me dijeron, un par de días buscando a la Rosa en Bujalance. Pero lo que no supe hasta que tomamos Porcuna es que el Andrés (sí, el Andrés, el capataz del Puente Viejo, el del Comité Revolucionario de Baena) y el Algabeño,  huyeron juntos en la estampida de Bujalance; los dos a caballo,  los dos – uno rojo y el otro fascista – unidos para forjar mi desgracia. Ambos se concertaron en Bujalance,  sin más meta que robar el aceite y forzar a la Rosa, para escapar hacia Porcuna.
Tomado Cañete y Bujalance, las fuerzas se  dividieron en dos columnas; una mandada por el comandante Pérez de Guzmán tomó la carretera que de Bujalance se dirige a Pedro Abad, y otra, al mando del teniente coronel Redondo García, tomó el camino del Carpio.

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